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La emperatriz Isabel I (Isabel Petrovna)

Los Romanov - Historia de la dinastía

La hija de Pedro el Grande – la emperatriz Isabel I (Isabel Petrovna).
Su heredero Pedro III y el complot que llevó al poder a Catalina II.

Isabel hija de Pedro - retrato
Isabel hija de Pedro - retrato

Hija adorada por su padre Pedro el Grande, quien veía en ella su contraparte femenina. Dueña de una gran belleza, inteligencia, imponente porte y cabellos rubios tuvo una educación discontinua debido que debía ser supervisada por su madre analfabeta. Su padre había muerto cuando ella contaba con diez años. Al ser nombrada su madre Catalina I sucesora en el trono, buscó casarla con varios príncipes europeos, pero sin éxito dados los antecedentes maternos. Así que permaneció soltera esperando el momento propicio, que llegó cuando tenía 33 años, luego de sobrevivir a las intrigas de la corte y a dos zares. Fue amada por el ejército no tan sólo por ser quien era, sino también porque se ganó su confianza estando siempre presente en la vida de la tropa, escuchando sus problemas. Hasta llegó a ser madrina de los hijos de los soldados. Digna hija de su padre, cuentan que salió a caballo vistiendo una coraza dorada y sosteniendo una cruz de plata para interpelar a la guardia, el regimiento Preobrazhenski creado por su padre, con estas palabras: “¿A quién quieren servir? ¿A mí, la hija propia de Pedro, o a esos extranjeros que han robado mi herencia?”.

Isabel se coronó así misma como zarina en la Catedral de la Dormición de Moscú en 1742. Los zares al ser autócratas, no necesitaban de un prelado para ser coronados ya que su poder devenía directamente de Dios. El destino del pequeño zar Iván VI y su familia estaba sellado: permanecerían en cautiverio hasta su muerte en un lugar hostil y remoto. Eran demasiado peligrosos.

Isabel no fue una gran gobernante, pero heredó el tino y la astucia de su padre y supo rodearse de personas como el canciller Alexei Bestuzhev que le permitió a Rusia ganar territorios en Finlandia y detener el avance de Prusia aliándose a Maria Teresa de Austria.

En realidad -lo que más le importaba a Isabel- era llevar una vida llena de lujos y extravagancias. Amaba los vestidos profusamente adornados con piedras preciosas, perlas e hilos de oro. ¡Llegó a tener alrededor de 15.000! Nunca usaba el mismo y por día podía cambiarse seis o siete veces. Marcaba mediante decretos como debían vestirse los nobles. ¡Ay, de la mujer que usara algo parecido o tuviera un traje mejor que el de la zarina! Para ella la estética lo era todo siempre tenía que ser la mejor, costara lo que costara. Ningún mercader podía vender su mercancía (telas, encajes, adornos, joyas, etc.) sin que Isabel revisara el cargamento primero para poder quedarse con lo mejor y más lujoso. A nivel personal tuvo muchos amantes desde sus épocas de zarevna (princesa). Pero sólo uno fue el amor de su vida: su nombre era Aleksei Razumoskiy, un cosaco pastor de cabras con una magnífica voz, por lo cual fue seleccionado para cantar ante la zarina. Era conocido con el mote de "El Emperador de la noche" y existen fuertes evidencias que dicen que terminó casándose con él. Esta demás decir que lo hizo inmensamente rico y poderoso.

Isabel hija de Pedro
Isabel hija de Pedro - su traje de coronacion en el Palacio de Catalina

Cuando Isabel comenzó a envejecer, estaba claro que debía buscar un heredero y quien mejor que el hijo de su fallecida hermana mayor Ana Petrovna, casada con un príncipe pariente del rey sueco, Karl Holstein Gotorp. Pedro –que se convertiría en Pedro III (y de aquí en más en esta nota lo llamaremos así aun cuando relatemos tramos históricos anteriores a su coronación como zar)- era huérfano de padre y madre; fue criado por un tío el cual era obispo de Liubek y llamado a la corte rusa para ser educado como heredero. Cuando Isabel lo conoció, se llevó una enorme desilusión ya que era bastante feo, desgarbado y con una mentalidad infantil. Además, tenía una marcada germanofilia y un enorme odio por todo lo ruso. Su mayor anhelo era parecerse lo más posible a su héroe: el rey Federico de Prusia y -como pertenecía a la línea sucesoria de Suecia- el trono ruso le importaba poco. Se pasaba todo el día jugando con soldados de plomo, maquinando bromas pesadas con sus allegados y organizando desfiles y maniobras militares con su guardia personal, los cuales eran todos alemanes.

Debido a intrigas orquestadas por los prusianos que trataban de poner a Rusia de su parte en detrimento de su alianza con Austria, la elegida para casarse con Pedro fue una princesa alemana perteneciente a la nobleza menor: Sofía Anhalt-Zerbst. En realidad, a Isabel le gustaba el partido, ya que era sobrina por vía materna de su prometido perteneciente a un principado menor alemán, fallecido de viruela en 1727 en San Petersburgo. Al convertirse a la ortodoxia, Sofía tomó el nombre de Catalina en honor a la madre de la zarina Isabel. Desde la primera mirada, ambos se dieron cuenta que estaban destinados a convertirse uno en la desgracia del otro. A diferencia de Pedro, Catalina era una mujer ambiciosa e inteligente que supo ganarse al pueblo ruso desde un principio, aprendiendo el idioma y su cultura. El odio de Pedro por su esposa sumado a su inmadurez, impidió que consumaran el matrimonio hasta ocho años después.

El hecho que Catalina no diera a luz un heredero enfurecía a Isabel, la cual vivía atormentada por la sombra del zar cautivo Iván VI y la posibilidad de un golpe de estado. Sometió a Catalina a constantes desprecios y vejaciones. En sus propias palabras "una vida que hubiera enloquecido a diez personas y llevado a otras veinte a morir de pena". Al final la cuestión se resolvió. Según algunas versiones la zarina colaboró o bien hizo la vista gorda con el primer amante de su sobrina política, el gallardo Sergey Saltykov. En palabras de Catalina era "hermoso como un amanecer".

Isabel hija de Pedro en el baile
Isabel hija de Pedro en el baile

Nunca sabremos con certeza si gracias a Saltykov o a la operación de fimosis de Pedro III, nació el futuro zar Pablo I en 1754. Para los detractores de Catalina su origen era espurio. Para los demás -y me incluyo- el parecido físico y psicológico con Pedro no es desdeñable. Además … ¿hubiera permitido a sabiendas Isabel que alguien que no llevara la sangre de su padre Pedro el Grande ocupara el trono ruso? La verdad es que hasta que no se lleven a cabo estudios serios de ADN nadie puede decir si la dinastía tendría que haber cambiado su nombre a Saltykov. Cosa que creo nunca se verá, ya que los Romanov no lo permitirían por razones obvias. Ya tienen bastante con las disputas de quien debería ser el jefe de la dinastía desde la caída del imperio hasta nuestros días.

Al nacer Pablo, la zarina se adueñó de él, dejándolo ver por su madre en contadas oportunidades. Esto marcaría la relación madre-hijo para siempre. Asegurada la sucesión y al obtener un lugar permanente en la corte rusa, Catalina experimentó una relativa calma que le permitió concentrarse en crear el terreno propicio para alcanzar el poder. El problema que ahora tendría que enfrentar residía en que Pedro III la odiaba y no perdía oportunidad de humillarla en público recriminándole sus adulterios. Las evidencias muestran que a Pedro III poco le importaba el origen de Pablo, pero sí era el caballo de batalla para arremeter contra su inteligente, culta y capaz esposa. También es cierto que pensó usarlo para sacársela de encima, obtener el divorcio y poder casarse con su amante. Le molestaba el creciente éxito de Catalina con las facciones rusas de la corte y el pueblo. Para Catalina, el fin de Pedro III era "crónica de una muerte anunciada" y no estaba dispuesta a ser arrastrada en su caída.

En 1761 murió Isabel y subió al trono Pedro III con su esposa Catalina que obtuvo el número “dos”: Catalina II. El reinado de Pedro III estuvo marcado por su obsesión por Prusia, firmó con Federico el Grande la paz -aunque los rusos estaban a las puertas de Berlín- devolviéndole las tierras conquistadas. El rey prusiano no podía creer en su buena suerte: “¡como la diosa fortuna hizo que la muerte de una mujer (Isabel Petrovna) cambiara el destino de Prusia!”. El nuevo zar quiso convertir a la corte rusa en una especie de Postdam. Le exigió al ejército vestir uniformes prusianos con coleta y todo. Envió a las tropas rusas de élite fuera de la capital. Colocó a prusianos en los puestos de poder dentro del ejército. No confiaba en ellos. El tiempo le daría la razón... El mismo Pedro III apareció en su coronación con un uniforme idéntico al de Federico el Grande. También estableció que los sacerdotes serían empleados del Estado con sueldo fijo e inició la secularización de la iglesia entre otras muchas medidas arbitrarias e impopulares. La gota que derramó el vaso fue durante una gala con fuegos artificiales, ofrecida en el Palacio de Invierno en la cual acudieron 400 invitados, para celebrar la paz con Prusia y la inminente guerra de común acuerdo con Federico el Grande contra Dinamarca (para apoderarse de Schleswing- Holstein). Pedro III hizo un brindis por la familia imperial, por protocolo todos debían ponerse de pie. Catalina II que estaba en el otro extremo de la mesa permaneció sentada. El zar envió a un cortesano para que averiguara la razón. Al contestarle que ella era una Romanov, Pedro estalló con furia insultándola frente de todos. Más tarde, ordenaría su detención en Peterhof, cosa que llegó a oídos de Catalina y sus partidarios. En las calles de la cuidad circulaba el rumor que el zar había repudiado a su esposa acusándola de adulterio. La suerte estaba echada. Pedro III -que seguía viviendo en su mundo de nunca jamás-, decidió dejar la capital junto con su escolta y sus allegados para pasar unos días de vacaciones en el palacio de Oranienbaum en las afueras de San Petersburgo. Ya no regresaría. La revuelta palaciega encabezada por el oficial de artillería Grigori Orlov y sus hermanos, colocaría a Catalina II en el trono ruso sin derramamientos de sangre. Se dice que a Pedro III no le importó demasiado haber perdido la corona, solo le interesaba vivir tranquilo y sin ahogos con su querida en su país de origen. Para Grigori Orlov -el amante de Catalina- constituía un problema que debía de ser solucionado en forma rápida y definitiva. Había interesados en colocarlo de nuevo en el trono … Prusia, por ejemplo. También estaban los partidarios del depuesto Iván VI... Se desconoce el grado de participación de Catalina en el asesinato de su marido. En el velatorio a todos les asombró un poco que tuviera una especie de bufanda cuidadosamente enrollada alrededor de su cuello. El comunicado oficial informaba que la muerte de zar obedeció a una enfermedad hemorroidal. Como diría un agregado extranjero: "las hemorroides son peligrosas, causan la muerte en Rusia"...

Isabel hija de Pedro preparandose para el baile
Isabel hija de Pedro
preparandose para el baile
Isabel hija de Pedro y su corte
Isabel hija de Pedro y su corte
Isabel hija de Pedro - retrato
Isabel hija de Pedro - retrato
Isabel hija de Pedro en la caza
Isabel hija de Pedro en la caza
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